Un verano en Nueva York: El 'prep' a la Apertura

Un verano en Nueva York: El 'prep' a la Apertura

Por: Gustavo Castrodad

Día 4: El Prep

Descubrir {tr. hacer patente lo que está cerrado u oculto. Abrir una caja. Abrir un aposento.}

Hoy no salí: entré. Empezamos a preparar con mucho cuidado, con mucho cariño y sobre todo con calma.  Hago todas las preguntas posibles y me fijo en todos los detalles ya resueltos. Aprendo, aprendo con cojones y sonrío.  Comento –“ Me siento como el chamaquito que lo invitan a un campamento de algún tipo de tema que le fascina, pero a trabajar, a ser parte del “crew” y así pasa su verano, trabajando en el campamento de basket, volibol, música, teatro… aquí estoy hoy, en la sonrisa, la misma que provoca un acto tan simple como: Correr bicicleta. 

 

Día 5: Sábado de Apertura

Hoy me sentí contento en otro lugar, en otro espacio que ocupa la luz. Como cuando te pompea bien cabrón ir a una clase que descubriste por accidente y no puedes esperar al próximo día para cogerla. Así empecé mi día. Primera lección: el protocolo de las hornillas, el gas, el horno... pensé que estaba descubriendo una galaxia nueva. Desde temprano comenzó el trazado, el plan, cada cual a una estación estática y listo para ejecutar su parte como un equipo. 

Y junto al restaurante, además abrió un expo-show. 

La luz no está al final de un túnel ni de un camino perfectamente trazado. La luz es el camino, formada por partículas elementales desprovista de masa, cargando la historia del principio al fin. La luz está en nuestra habilidad de adaptarse o cambiar rutas trazadas con el fin de mejorarnos.

 

Teniente Garayua

Imagínate entrar en un espacio que solía ser un dealer de carros y encontrarte en primer plano a esta belleza tropical: Victoria Delgado-Garayua. “La Teniente” es imprescindible para esta operación, que más que un restaurante, es una experiencia que comienza con su sonrisa para darle la bienvenida a todos. Pero no sólo eso, sino que mantiene la máquina corriendo de principio a fin, encargada de que todo corra organizadamente (arquitecta al fin, el trabajo le queda perfecto: Project Manager). Y al final como parte de lo que es, nos prepara la dulzura: el postre - este fin de semana una panacotta de “Thai tea”.

De repente ya son las seis de la tarde, y yo regresando del baño, lo que veo es una fila esperando a ordenar y una lista de ordenes ya puestas... ¡ANDA pa’l carajo, ¿de dónde salió tanta gente?… QUE NERVIOS... me puse tenso... no encontraba nada, una mirada y dos palabras desde la estación de la chef: ¡CALMA GUS!, que no hay prisa. (bueno fueron más de dos) ¡Y me calmé!

Entonces llegó la luz, ese momento cúspide de decisiones relámpago que cambian la ruta… para mi todos los caminos son nuevos y no puedo sentirme perdido, y si lo estoy, pregunto. Fue bien intenso todo, pero muy emocionante, una cadena que fue engranando para mejorar en el camino. Mucha alegría, combinada por la satisfacción de provocar alegría a personas extrañas, que inclinaban su cabeza de manera agradecida para reconocer que la habían pasado muy bien. Me siento honrado de haber sido escogido para caminar por aquí. Yo bajo mi cabeza y le agradezco la oportunidad, la invitación y la visión de haber visto en mi la posibilidad, la luz y las partículas elementales.

Mira la historia anterior: Un verano en Nueva York: La compra

Guanajuato: Puentes, callejones y colores

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